SOL MIRAGLIA y HUGO MANSO | Entrevista

Conocimos a Sol Miraglia y Hugo Manso con su ópera prima Foto Estudio Luisita, una película que rescató del olvido a Luisa Escarria, aquella fotógrafa silenciosa que retrató a la crema del teatro de revista y la cultura popular de los 70, los 80 y parte de los 90. Si Luisita era el paradigma de la reserva - dueña de un mundo que se desplegaba en la intimidad de su departamento del microcentro porteño- Ricardo Cinalli, protagonista de este nuevo film estrenado en el BAFICI, parece ser su contracara. Aquí la charla con lxs directorxs para escuchar.



Cuando el Olimpo choca con La Pampa es una película con/sobre/en Ricardo Cinalli. No podía haber personaje más alejado de Luisita, dicho esto en un doble sentido: porque vive en Londres y porque su mundo estético y sus formas a priori estarían lejos de la cultura popular. Pero no. Si nos despojamos de las primeras impresiones veremos que una y otro nos invitan a centrar la mirada en los cuerpos y que ambxs son algo así como outsiders. Lxs hermana el hecho de ser artistas con mundo propio.


Ricardo Cinalli y el papá de Sol coincidieron en un trabajo en Nueva York en los 2000. Artista plástico y ebanista respectivamente. En alguno de esos viajes en que Sol visitó a su padre lo conoció y pegaron onda. Estuvieron un largo tiempo sin verse hasta que en una cena de fin de año en 2015 se reavivó el vínculo. Antes de despedirse Ricardo le dijo: ‘Si van a Europa vénganse a Londres’. Sol y Hugo lo tomaron al pie de la letra y en 2016 tocaron la puerta de su casa y quedaron fascinados con su universo creado de cuadros, adornos, murales de cuerpos desnudos, estética georgiana, etc. “Es una casa mini donde no hay más lugar que para él”, dice Sol en conversación con Patologías Culturales. “Una casa de duende”, agrega Hugo y recuerda que cuando volvían en el avión ya sabían que esa sería su próxima película.


Después de estrenar Luisita volvieron a Londres con la cámara y estuvieron varios meses tratando de adaptarse al caos Cinalli. “El documental trabaja más sobre la duda que sobre la certeza, es más poético”, señalan. El resultado no es un retrato de un hombre, sino la reconstrucción de su mundo.



El artista. Ricardo Cinalli nació en Salto Grande, provincia de Santa Fé. Emigró a Londres en los 70 cuando la ciudad estaba empezando a cambiar. Junto a un grupo que flasheaba con la estética georgiana del siglo XVIII restauraron esa zona periférica donde aún vive, como un modo de combatir el avance de la especulación inmobiliaria. “Es la historia de la gentrificación de las grandes ciudades”, piensa Sol.


Distintos pasajes de la película llevan a pensar en el paso del tiempo. No solo en el tiempo que oprime y desgasta, corroe la obra y degrada el cuerpo, sino también el tiempo que trabaja sobre la obra y permite que afloren nuevas miradas. Así como el tiempo y la naturaleza erosionan el mural al aire libre que Cinalli pintó en Uruguay - el proyecto de su vida- también traen nuevas miradas que potencian los alcances de su obra. Por ejemplo esta película. Y es que las obras persisten. “Ricardo, como pasaba con Luisita, no están entregados -reflexiona Hugo. Siguen luchando, haciendo su obra, refugiándose en su arte. Luisita lo hacía en su foto estudio, en su living, con su universo creado; y lo que nos apasiona de Ricardo es que él también tiene un universo creado. Ricardo ha inventado su propio tiempo. Se ha corrido del eje del tiempo que vive esta Londres hiper moderna. Eso se ve en su casa, en cómo vive. Es una decisión filosófica de vida la que tiene él. No necesita del mundo exterior para sentirse artista o lo que sea. Y ahí es donde reside la libertad”.


“Los personajes que nos gusta trabajar siempre, de alguna manera, están corridos del mundo del arte -reconoce Miraglia. A mí me preguntaban: ¿para qué hacer una película con Ricardo Cinalli? Y la pregunta es: ¿por qué tiene que estar legitimado? Uno tiene éxito en un momento de la vida y quizás después las cosas cambian, o cambian los códigos del mundo del arte, aparecen nuevos personajes, cambian las leyes de eso. Entonces, ¿por qué no hacerla? La aventura de que Ricardo se abra es lo que nos interesó”. Hugo suma algo más: “La intención es que se conozca su obra, se conozca la atmósfera que genera su obra y a él mismo. No hay intención de legitimarlo. ¿Qué filmar? Nos gusta filmar eso, esos universos que están ahí”.



El contraste entre Londres y Salto Grande es notorio. Cinalli vuelve a su cuna y repiensa la vida en Europa. Participa de homenajes, ve pasar las carrozas tercer mundo en el carnaval del pueblo y se detiene (al igual que la cámara) en los cuerpos de chicos jóvenes y musculosos. Allí está el modelo de los cuerpos de su propia obra. En esos carnavales se fue afinando la mirada sobre los cuerpos que hoy aparecen en grandes dimensiones y que remarcan los músculos, los culos firmes, las pijas grandes. Unx podría pensar que se espejaba en los cuerpos icónicos del arte europeo, pero no. Su Olimpo está en Salto Grande. “Es su cuna”, asegura Sol. “Estuvo hasta los 17 años hasta que se fue a estudiar a Rosario. Él nos contaba de cuando era chiquito, pueblo tan chico, todos tanos, la tana con las tetas así tomando sol, la madre, la otra, el primo y el campo”. “El Olimpo viene de ahí, su imaginario viene de ahí. De esos lugares enormes y monumentales, nace ahí. Y poco tiene que ver con ese Londres”, remata Hugo.


Abajo la conversación completa.