SEBASTIÁN VOLCO | Universal

En estos meses el dúo Volco & Pablo Gignoli + Fernando Samalea editó su segundo disco de piano y bandoneón + percusión. Se trata de siete composiciones ajenas que van de Gardel y Le Pera a Freddie Mercuri, de Cuchi Leguizamón a David Bowie, de Spinetta a Eduardo Rovira, a las que les imprimieron su propio estilo. “Porque te puedo decir que tenemos un estilo”, marca. En esta charla recorrimos su historia, hablamos de los últimos años con los pies en Europa, de la importancia de hablarle a los oyentes de a uno y de la búsqueda de la belleza como gesto transgresor en un mundo horrible.


No está mal decir que Sebastián Volco está en una etapa en la que prescinde de la palabra en su música. Tanto bla bla y tanta proliferación de imágenes parecen haber provocado en él el movimiento inverso: en vez de plegarse a la ola que trata de hacerse un lugar bajando línea o a flashazo limpio, volvió a lo más preciado que tiene para sí: el piano. “Para mí la patria es el piano y mi familia”, nos dice en conversación con Patologías Culturales, sentado en un banco de plaza en Saint Germain en Laye, Francia, donde vive desde hace ocho años. ”Y ni siquiera te digo mi piano, cualquier piano”, apunta.


Su camino siempre fue una bifurcación tras otra, todas las músicas juntas. En este tramo su búsqueda pasa por tocar una fibra con un lenguaje universal. “En este momento estoy más enfocado en la música instrumental, no porque no tenga nada que decir o no quiera decirlo en palabras, sino porque estoy tratando de hacer mensajes más universales. Yo en particular estoy un poco harto del tipo cantando [risas]. Me gusta, pero hay tanto que me sofoca”.


Abajo algunos textuales y el link para escuchar.


Francia. “Hace dos años que está en Saint Germain en Laye, un pueblito muy coqueto en las afueras de Paris, a veinte minutos en tren. Acá nació Debussy, por ejemplo, uno de mis héroes de la juventud y primera adolescencia. Estoy en una vida más alejada de la ciudad, pero a 20 minutos en tren de Paris. En el medio del campo y en el medio de la ciudad también”.


Los comienzos. “Yo me fui de Buenos Aires a fines de 2012. Primero me fui a Nueva York a una pequeña gira con la Orquesta Metafísica y cuando terminó decidí que me iba a quedar. Recibo un llamado de Pablo Gignoli, el bandoneonista, que por cuestiones familiares se iba a instalar en Francia. Lo fui a visitar y salió un trabajo, después otro y empezamos a activar una vieja idea que teníamos de hacer un dúo de piano y bandoneón: Volco & Gignoli. Empezamos a trabajar muchísimo y llevamos hechos más o menos mil conciertos por todo Europa en estos ocho años, no te miento. Y en todo ese tiempo desarrollamos un repertorio que en parte quedó plasmado en este segundo disco, que tiene una parte del mundo del tango y otra parte de la música que a nosotros también nos gusta de nuestra generación como rock nacional e internacional. El primero eran composiciones nuestras y un tema de Zappa, otro de Spinetta y otro de Charly. Y este disco es un reflejo más de todo ese trabajo”.



Voco & Gignoli + Samalea I. “No es un homenaje, es nuestra visión de todos estos compositores metidos en una misma caja. Mezclamos Freddy Mercuri con Eduardo Rovira, es medio raro pero lo pudimos hacer funcionar”.


El Cuchi & Fito | Gardel & Charly. “Yo empecé a jugar con la melodía de Tumbas de la gloria y de pronto fue una introducción al mundo del Cuchi. Para algunos rockeros Fito es una persona que te introduce al folclore, logró hacer eso. Y Charly con el tango. La versión de Volver la hicimos medio a propósito, la tocamos como si fuera una versión de Charly, o sea una mezcla de los dos Carlitos. Es Adela en Carrosuel y es muchos otros temas más; es un estilo de Charly de cómo toca los bajos con el piano. Los músicos saben de qué hablo, hay una cadencia muy especial que está en muchos temas de él. Es impresionante cómo funcionó de bien eso”.


Volco & Gignoli + Samalea II. “El disco es un link tras otro. Más allá de que hacemos música de tales compositores, hicimos aparecer muy a conciencia espíritus de otros volando por ahí. Por ejemplo, en la manera de tocar el bandoneón de Gignoli en La Pomeña o en Los libros de la buena memoria yo escucho a Miles Davis. La manera precisa de tocar la nota, el firulete, el fraseo justo. Cuando a Gingnoli le preguntan quién es el bandoneonista que más lo influyó, él dice Miles Davis [risas]. Es una filosofía que nosotros tenemos: las paredes, las banderas y los marcos no nos interesan. Lo importante acá es la esencia. Nosotros hicimos este trabajo pensando en eso y con nuestro estilo, porque te puedo decir que tenemos un estilo. Sea el compositor que sea podemos ponerle nuestro estilo y sale”.


-En tu modo de abordar la música se nota que no hay necesidad de atenerte a ningún marco de referencia.


- Sí. Se formaron necesidades en el arte y la cultura de armar grupos y movimientos que se definen de tal o cual manera, que en un punto está bueno. Pero en otro, los artistas que a mí más me interesan -y tal vez los más contundentes- son los que les importaba un carajo todo e iban rompiendo paredes. Por ahí después de romper paredes se formó un movimiento de ese gran artista, ¿no? Charly, el rock, Frank Zappa, Miles Davis, Stravinsky… ¿Esos tipos son parte de un movimiento? Sí, de alguna manera sí, pero es una visión personal del artista que va a hacia adelante en una búsqueda interna de expresar algo más profundo. Y al mismo tiempo están conectados con la actualidad y realidad de lo que están viviendo.


- ¿Cuándo supiste que vos querías ser de esa raza?


- Mirá, para nada es una decisión. Es algo que yo sigo sufriendo mucho. Yo fui tecladista de Fantasmagoria por siete años y soy bienvenido en ese universo. Al mismo tiempo, me encontraba tocando en milongas para bailarines de tango super conservadores y estrictos, y me aceptaban también; ‘este es un tanguero de verdad’, pensaban. Tengo esa versatilidad, pero al mismo tiempo no soy parte de ningún grupo, lo cual está bueno pero es mucho más difícil, incluso para vender mi música o vender un show. Estoy haciendo un nuevo espectáculo, The Volco Experience, que en realidad es todo lo que yo hago: la Orquesta Metafísica, yo solo con el piano, experimento con la música electrónica… Entonces, está buenísimo, pero es muy difícil de comunicar. ¿Qué es lo que hace? Para el que tiene que comunicarlo es difícil. Es buenísimo si me conocés, pero sino no sabés qué carajo hago. Pero bueno, con el tiempo se va a ir aclarando supongo.



No más canciones. “No creo que vuelva a hacer un disco de once canciones. No por ahora. El último fue Civilización demonio y no lo moví muy bien en medio de la pandemia. En este momento estoy más enfocado en la música instrumental, no porque no tenga nada que decir o no quiera decirlo en palabras, sino porque estoy tratando de hacer mensajes más universales. Yo en particular estoy un poco harto del tipo cantando [risas]. Me gusta, pero hay tanto que me sofoca”.


¿Transgrequé? “Estamos en el 2021. Un concepto como el de transgresión hoy en día es muy diferente a lo que podía ser en 1975 o en 1990. Transgresor en el arte, ¿no? Hoy en día me parece más transgresor hacer algo hermoso. Es muy difícil hacer algo muy bello. Eso es transgresor porque son tan horribles las cosas que pasan en el mundo que poner una gotita de belleza es bastante corajudo, más que salir a gritar: ‘Eh, son todos corruptos’. Yo también lo he hecho, pero hoy con Gignoli y Samalea tratamos de hacer algo lindo. No pasatista y complaciente, sino bello. No caigamos en nuestra tendencia a la locura y la disonancia, centrémonos en la belleza. Hagamos algo lindo y potente”.


Living inside (2020). “Yo creo en el poder de la música y el arte, creo que la música cura y sana. Es un disco medio de terapia, solo piano [risas], pensando en un oyente imaginario, pensado de uno a uno. Una cosa es ‘No lo soñeeé… ‘ [canta] que es más para compartir, esta música es más yo leyendo un libro, yo escuchando esa música. Es para que aporte a tu mundo privado. Viste que hay música que es más para escucharla solo y otra que es más para compartirla. Es uno a uno. Y funciona muy bien. Yo de pendejo a Serú Girán o Pink Floyd los escuchaba solo y me daba vergüenza escucharlo con otros, me daba una sensación de desnudez. En cambio, iba con el auricular escuchando The Wall y pensaba: ‘No me imagino escuchando esto con otro’. Eso me pegó bastante fuerte”.



Hypnotizados (2015). “Se llama así porque habla de eso, de ver a la humanidad hipnotizada. No es metáfora. La gente haciendo cosas sin saber por qué las está haciendo. Muchas de las voces que se escuchan son entrevistas reales que les hicimos a personas de distintos países. Las hicimos en todos los lugares que pudimos, países en África, Europa, EEU, América Latina, Japón, China... Preguntábamos sobre asuntos que nos interesaban, por ejemplo, la xenofobia o cómo reaccionaban la gente a los atentados (que en ese momento hubo muchísimos acá). Es escalofriante lo que dicen sobre racismo y patriotismo. Es idéntico en todos los países. Yo ya lo sabía, pero esto fue una manera de comprobarlo. Preguntás en cualquier país qué piensan de los inmigrantes que llegan, y en todos te dicen que se vuelvan a su país, que viva la patria. Entonces, cuando ves que todos dicen viva la patria en distintos lugares, y mientras tanto seguimos girando en la misma pelotita, es muy escalofriante, es como decir estamos en un manicomio, estamos todos locos, no se puede trabajar juntos. Se nos entregó un paraíso y lo trasformamos en una cárcel y en un manicomio”.


Argentina, Francia, la patria. “Nunca me pude alejar de lo que le pasa a mi país ni a mis amigos, me influye mucho más eso que lo que pasa acá. Y la verdad es que me quedé porque se fue dando, una cosa llevó a la otra. Y yo ahora tengo una familia acá, entonces no tengo previsto volver. Hace ocho años que estoy acá, pero al mismo tiempo sigo siendo un extranjero y lo voy a ser siempre, no es que me voy a dejar el bigote para arriba y convertirme en francés. Puedo adaptarme a ciertos aspectos de la sociedad para sobrevivir, pero es muy difícil tener acá una relación con gente de Francia como yo puedo tener con alguien en Argentina. Es medio duro, pero bueno… Para mí la patria es el piano y mi familia. Eso. Y ni siquiera te digo mi piano, cualquier piano”.