Romina Zanellato | ¿Soy de donde vengo?

Romina Zanellato es escritora, periodista especializada en música y gestora cultural. En esta conversación hablamos de su libro Entre dos ríos, una novela que trabaja, a la manera de un diario de viaje, el contrapunto entre Neuquén (su ciudad natal), Concepción del Uruguay (la de sus abuelos) y Buenos Aires (donde elige vivir). O sea, una novela que tiene como materia prima la propia historia y ancla en una pregunta escrita como al pasar: “¿Soy de donde vengo?”, “¿fueron ellos para que yo sea?”.



Romina Zanellato es escritora, periodista especializada en música y gestora cultural. Escribe en el periódico digital feminista LatFem. Su libro Entre dos ríos se editó en 2018 y lo leímos en pandemia. Puede que hayamos llegado un poco tarde, pero no. Un año y medio de recorrido para un libro es menos que un pestañeo.


Los dos ríos no son el Paraná y el Uruguay -tan versados por la literatura y la música- sino el Uruguay y el Limay. ¿Qué los une? La historia de amor de sus abuelxs a comienzos de SXX, un cuerpo que viaja en micro y en el tiempo, y la escritura.


Zanellato nació y se crió en Neuquén. Allí vivió hasta que puso un pie en Buenos Aires. El río de su infancia y adolescencia formaba parte de su día a día. “Un río turbio de sedimentos. Como un recuerdo”, se puede leer a poco de comenzar esta novela que se presenta en forma de diario de viaje y que alberga a su vez correspondencias en cantidad y hasta una poesía al final.


La llave que abre el viaje de la protagonista a Concepción del Uruguay es una lata llena de cartas que su abuela Aurora le entrega como legado, confiada en que su nieta escritora sabrá que hacer con ellas. Esas cartas son el testimonio del amor con Sante (así fue inscripto Santo en el registro civil) cuando vivían en Concepción, antes de verse obligados a abandonar el litoral para instalarse y comenzar una nueva vida en la desértica y poco poblada Neuquén, bien lejos de todo.


El deseo explosivo y las decisiones que de él se desprenden están en el nudo de la historia y tiñen el presente, el pasado y el viaje que la protagonista emprende a la ciudad entrerriana para leer por primera vez esas cartas in situ, caminando las mismas calles y oliendo los mismos aromas que fueron testigos de aquel amor. “Me siento una metida en la vida de otros, leyendo mensajes cotidianos de una pareja que no me incluye”, escribe en un pasaje.


En esta conversación comenzamos hablando de la novela pero no nos quedamos ahí. Romina escribe sobre música y formó parte del trío que llevó adelante el PODCAST Los Cartógrafos, junto a Rosario Bléfari y Nahuel Ugazio. Hablamos, entonces, también sobre cultura y la actualidad de la escena musical (porteña y nacional) revitalizada por las composiciones de mujeres, trans y no binaries. “Los últimos cinco años creo que lo más interesante en la música vino de músicas mujeres, lesbianas y trans. Eso me generaba mucha expectativa. Mientras los varones están haciendo cosas más pop, las mujeres empezaron a hacer un rock que a mí me interesa mucho”, nos dijo como punta de un análisis en el que afirma que los varones “ya dijeron todo lo que tenían que decir.


La escuchan justo abajo.


Diarios. “Tuve momentos de obsesión con los diarios ajenos. Diarios de escritores, de intelectuales, de fotógrafos, de cineastas. Los leí todos y es un género que me encanta (…) Yo sí tengo mi cuaderno. Hay años donde escribo todos los días y otros años donde no. Por ejemplo, éste no. No sé por qué, pero el año más apocalíptico no lo estoy documentando para que no quede rastro, para hacer de cuenta que no pasó. Pero me gusta eso. Además, escribiendo esta novela aprendí que todo lo que uno escribe puede ser utilizado en un futuro desconocido”.


Escena musical I. “Yo creo que venía creciendo fuertemente la presencia en los escenarios de mujeres, lesbianas, trans y no binaries. Estaban ocupando un espacio que no les fue permitido, o que no quisieron ocupar, de una manera muy vigorosa que me entusiasmaba mucho. Ahora eso se frenó y veremos qué pasa después. Los últimos cinco años creo que lo más interesante en la música vino de músicas mujeres, lesbianas y trans. Eso me generaba mucha expectativa. Mientras los varones están haciendo cosas más pop, las mujeres empezaron a hacer un rock que a mí me interesa mucho. Las mujeres se están organizando en todo el país y profesionalizándose, siendo más responsables con la idea de obra y de construir obra. Ojalá que la pandemia y el parate no sea más que una pausa y que este proceso continúe. Yo creo que la escena estaba volviendo a reinventarse y de una manera inesperada”.


Escena musical II. “Creo que los varones en un punto ya dijeron todo lo que tenían para decir, entonces están experimentando estéticas que no experimentaron todos. Si pensamos en los grandes artistas de la historia de la música -David Bowie, Mick Jagger, Prince- todos ellos son artistas que se metieron en el pop y experimentaron con la performance de la identidad saliéndose de los estándares del varón. Lo hicieron ellos y después los varones agotaron lo que tenían para decir, entonces muchos músicos están acercándose a esas otras estéticas”.

“En ese mismo movimiento, las mujeres están tomando lenguajes que tal vez eran utilizados por los varones, como la guitarra, el solo de guitarra, cierta fuerza, la bronca… ‘Las mujeres inventaron el punk rock’, dice la remera. Y es así. Empezaron haciendo un punk muy fuerte: Patricia Pietrafiesa, She Devils como una de las bandas más fuertes de los 90, pero también estaba Bikini Kill en EEUU… eso ya lo sabemos. En nuestro rock no hay mujeres de guitarras. Está María Gabriela Epúmer, por supuesto, que era excepcional, pero estaba bastante sola en esa estética. Me parece que se dio un momento en que las mujeres empezaron a tomar esos espacios que les servían para decir ciertas cosas. No estoy diciendo ninguna novedad. Hay un montón de cosas que las mujeres tienen para decir en la música y eso, de cierta forma, rejuveneció la escena. Hay una rebeldía que se había perdido en algún punto”.


Profesionalización. “Hace un tiempo le hice una entrevista a Paula Rivera, vicepresidenta del INAMU. Ella lleva adelante una agenda de género y habla con músicas de todo el país. Y lo que me decía es que lo que primero que le llamó la atención recorriendo las provincias fue que muchas músicas no se reconocían como tal, incluso teniendo discos editados, tocando, teniendo trayectoria o habiendo estudiado. Había una autoestima muy baja. Y me contaba cómo esas reuniones habían funcionado para que se avalen entre ellas como músicas y se pudieran hacer cargo de su oficio. Otra cosa que me decía, muy interesante, es cómo la información estaba muy monopolizada por asociaciones de músicos hechas por varones, cosa que no es necesariamente negativa. Pero lo que pasaba es: como yo no me reconozco música me da vergüenza ir a la asociación de músicos para preguntarles cómo puedo hacer para registrar mi canción en SADAIC. Muchas se están haciendo cargo de investigar y hacer circular la información de una manera más horizontal para poder profesionalizarse. Que todas tengan el uso de los derechos que les corresponde. Eso me parece muy importante”.

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