RESCATE | Entrevista Fernando Kabusacki

Esta entrevista se realizó en el aire de FM La Tribu en marzo de 2014. El guitarrista y compositor Fernando Kabusacki ya participaba de proyectos bien disímiles, aunque lo que nos motivaba a charlar con él era su propia música. Lo mismo que nos motiva a repostear esta charla.



"Lo que más me importa es que la música vaya a través del sonido", nos dijo Fernando Kabusacki. Guitarrista y compositor argentino interesado especialmente en "lo sónico", ha grabado y participado de proyectos tan disímiles como atractivos que van de El Tronador (Marina Fages / Lucy Patané) y Francisco Bochatón a las bandas de Juana Molina o Liliana Herrero; de Charly García al Círculo de Guitarras que comanda Robert Fripp.


Entonces, su motivación es el sonido. Si bien es cierto que empezó haciendo canciones con letra, el camino definitivo apareció cuando se puso a experimentar en un DAT (Digital Audio Tape) armando loops y texturas, aunque el rótulo de música experimental para lo que hace no es de su agrado: "La palabra experimental me asusta un poco porque la música experimental no me gusta en absoluto. No adhiero a la música experimental, no la escucho. Yo no siento que experimente con la música, sino que hago música de una manera muy instintiva, muy natural, incluso medio inocente. Lo que me parece que está bueno lo hago y voy por ahí. Uso mucho 'lo que me parece'. Es una expresión que no sé bien qué significa, pero si me parece que está bueno, lo hago. Es muy instintivo".


Paralelamente a esas primeras grabaciones caseras se paseaba por disquerías en busca de una música que no encontraba, hasta que se percató de que lo que buscaba no existía: "Estaba buscando algo que tenía que hacer yo", recuerda.


Al momento de realizar aquella charla de verano, lo úlitmo que había editado era Luck (2010), una colección de 28 temas plagada de pasajes sonoros hermosos y placenteros, muchos de ellos a tono con el tipo de búsqueda que pone en práctica cuando tiene que musicalizar en vivo películas mudas. Se trata de un disco que cuenta con una gran cantidad de músicos invitados a los que no les dio indicaciones; simplemente les dijo: "Hagan lo que les parezca". Hablamos de instrumentistas como Fernando Samalea, Santiago Vázquez, Alejandro Oliva, Matías Mango, Alejandro Franov, Bárbara Togander, Maxi Trusso, Victoria Zotalis, María Eva Albistur y sigue la lista.


Música nueva. "Hace años que me cuesta encontrar en Argentina alguien que haga algo nuevo. Hace tiempo me pasó con A-Tirador Láser. Cuando escuché Tropas de bronce, su primer disco, me pareció increíble. Realmente aportan algo, igual que Sunburst y Briatan. Hace uno o dos años descubrí -o me descubrieron a mí- El Tronador y me pasó lo mismo; dije: 'Esto no tiene nada que ver con algo que haya escuchado antes, me aporta algo nuevo y que disfruto'. Eso es lo que estoy buscando, no que rompa las reglas mal y sea una cosa espantosa, sino que también me de placer. La música también tiene que provocar sentimientos y sensaciones agradables, me parece que también tiene que tener luz".

Su fascinación por tocar con músicos más jóvenes no es nueva. En cierto modo, es una búsqueda que lo emparenta a Fernando Samalea, músico con quien además de un disco en conjunto (Al limiti del mondo, 2011) comparten el desprejuicio que tienen para embarcarse en proyectos que no garantizan otra cosa más que el placer de hacer música nueva. Eso lo combinan con la participación en otros proyectos de músicos consagrados sin ningún problema. "Creemos que la esperanza y la verdad están en los músicos más jóvenes. Nos parece que músicos de nuestra generación o de generaciones de más edad tienen un montón de prejuicios y hacen las cosas como ya saben que se hacen. Te dicen: 'Hace treinta años que vengo haciendo discos'. Y uno piensa: 'Podrías cambiar la forma de hacer las cosas'. Entonces, nos sentimos atraídos por la gente joven que es más inocente (entre comillas) y más fresca, suelen ser más genuinos. No digo que los músicos de más edad son mentirosos, pero descubrimos que los músicos más jóvenes tienen menos problemas en decir la verdad musicalmente hablando que la gente más grande.

- ¿Y qué significa decir la verdad musicalmente hablando?

- Hacer lo que te parece que está bien aunque esté mal. Hay un disco y una película de Talking Heads que se llama Stop making sense (Basta de hacer las cosas bien) y un poco es adherir a eso. Hay cosas que se supone que están mal, pero si a vos te parece que es así, hay que hacerlo así. Es más importante que una idea musical o artística sea honesta y sincera a que digas que está mal porque esta nota choca con la otra, o porque la sexta o la armonía o no sé qué, ¿entendés? A veces saber mucho te juega en contra, por decirlo de alguna manera. Por ejemplo, yo descubrí que la gran mayoría de los músicos que a mí me parecen interesantes en la historia de los últimos 40 años no estudiaron en escuelas de música, estudiaron en escuelas de arte. Brian Eno, Brian Ferry, David Bowie, Lou Reed, Peter Gabriel...

- La influencia de Yoko en Jonh Lennon...

- Yoko, exactamente. No estudiaron tanto música, sino más bien arte. Aprendieron el tema del arte y la inocencia, y todo eso lo aplicaron a la música y pudieron dejar -no sé si en segundo plano- la cuestión técnica musical. Me parece que no hay que perder el arte en la música. Y uno tiene que poder permitirse hacer las cosas mal, permitirse ese desprejuicio. También es cierto que hay bandas jóvenes que son malísimas, pero me parece que hay que conservar esa valoración por lo genuino, incluso de una manera medio inocente. Eso en Japón está muchísimo, hay muchos músicos que hacen cosas que acá no se podrían hacer porque hay un prejuicio muy grande.

-¿Seguís siendo alumno de Robert Fripp?

- Siempre lo seré. La primera vez que me vio en persona dijo: 'Supe que con este tipo iba a tener algo que ver para toda mi vida'. Y un poco es así.

- Que lo diga un músico como él ¿no?

- Sí, pero mientras lo decía se tapaba la cara (risas).



- Vos tocaste con María Eva Albistur y ella fue, en parte, responsable de la grabación de Kill Gil. Vos estuviste cerca de ese proceso, ¿no?

- Si. Es más, fue culpa mía. Pobre María Eva, la culpa es mía [risas]. Porque una noche Charly vino al Centro Cultural Borges a tocar con Vértigo colectivo, una banda en la que yo tocaba, y me dijo: 'Che, si querés vamos a grabar algo para tu disco'. Yo estaba grabando un disco nuevo. Eran las 11 de la noche de un domingo, ponele. ¿De dónde iba a sacar un estudio? Entonces empecé a llamar amigos que tienen estudios y a preguntarles si podía ir con Charly. Y me decían: ‘No vengas, te mato si venís’.

- Charly en esa época era la bestia.

- Claro, estaba endemoniado y todos me decían: 'Mañana tenemos una sesión de grabación. ¿Cómo lo sacamos a Charly de acá?'. Y la llamé a María Eva y me dijo: 'Vengan a grabar acá'. Grabamos las voces y los teclados para 6.1 (2005) y a Charly le encantó el estudio y se llevaron bien. Y se terminó instalando prácticamente un año a grabar su disco en la casa de María Eva, que es donde tiene su estudio, así que un poco fue culpa mía. Un montón de tiempo pasamos ahí grabando.

- ¿Y cómo es Charly grabando?

- Es indescriptible. Es un genio que no se puede creer. Tiene mucha energía, por lo menos en esa época. Yo hace un par de años que no lo vengo viendo. Pero es un músico incomparable, inimaginable. De una genialidad que no se puede creer. No hay palabras.

- ¿En que lo notás?

- En arreglos que surgen, en la forma en que se mete en la grabación y en lo que toca. Entra en un estado de éxtasis y de ensoñación... No sé cómo decirlo, pero al mismo tiempo con una lucidez que no se puede creer. Hasta los ingenieros no lo pueden creer. Es una experiencia inolvidable e incomparable con cualquier otra experiencia que pueda tener. En su momento yo sentía que grabar con Charly era como hacerlo con los Stones o con Los Beatles. Increíble.

- ¿Estuviste con muchos genios a lo largo de tu recorrido con la música?

- No a ese nivel. El nivel de genialidad de Charly es una cosa única. Y también creo que le ha costado muchísimo a él. Tiene un lado doloroso eso de ser genio.

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