Regular el entorno digital

La pandemia puso de relieve la precariedad en que se desenvuelve el sector cultural en el país y en la ciudad. Todos los sectores están juntándose desde el comienzo de la cuarentena y redefiniendo roles. Desde el Estado, además de poner en circulación distintas lineas de fomento, vienen pensando qué hacer, por ejemplo, con la regulación del entorno digital. Es una discusión nodal para los años que vienen. En Patologías Culturales hablamos con la Subdirectora General de Cultura de la Cámara de Diputados Natalia Calcagno. Aquí algunos textuales.


“La producción cultural tradicional analógica (libro en papel, revistas, diarios, teatro, danza, música en vivo, artes escénicas) vienen de una situación complicada producto de la crisis económica que vivió nuestro país sobre todo desde 2018. Las actividades culturales son elásticas al ingreso, es decir, suelen ser lo primero que se resigna en un hogar cuando se retrae el ingreso y es lo primero que se incorpora cuando el ingreso empieza a estar un poquito mejor. Esta característica hace que con la crisis tremenda de los últimos tres o cuatro años hayan sido de las actividades económicas que más sufrieron. Los distintos organismos públicos de la cultura (nacionales, provinciales y municipales) han pensando distintos tipos de subsidios para emprendimientos culturales y para artistas, para poder acompañarlos y ayudarlos en este momento. También existe para los productores, para los dueños de pequeños emprendimientos, tomados como cualquier pyme, las facilidades de préstamos blandos a tasa cero. También hay líneas de ayudas concursables, becas, concursos o contrataciones digitales. O sea, hay una suerte de ayudas públicas que salen ante la emergencia y la urgencia. Son montos enormes para el esfuerzo que pueden hacer los organismos públicos, pero casi una curita en una herida gigante para resolver la pérdida económica que está viviendo el sector cultural. Son respuestas lógicas, necesarias, importantes, pero para nada suficientes. Pensar en resolver esto incluye pensar el espacio digital y ver qué ingresos se generan ahí y cómo pueden redistribuirse”.


“Cada uno de los usuarios y consumidores de cultura de nuestro país que quiere acceder, leer, mirar o escuchar un contenido, paga. No lo hace gratuitamente. Paga un abono de cable, o el abono de Spotify o de Netflix; paga datos del celular si mira el diario por celular; o si mira YouTube paga internet. Todo ese ingreso que se genera y queda en mano de las empresas de telecomunicaciones, proveedoras de internet y plataformas, debería volver a los artistas. Y más en esta emergencia donde el consumo aumentó tremendamente. Sólo un ejemplo: Amazon subió 40 por ciento el valor de su empresa en el primer mes de pandemia, con lo cual, creo hay que repensar la regulación en el entorno digital e incluir en ese reparto a los creadores, a los autores y a los compositores y ejecutores. Eso no es sencillo de pensar, es complicado. Eso incluye pensar al derecho de autor y la Ley de Propiedad Intelectual que siempre es un despiole importante. Es el momento de encararlo seriamente para que ese ingreso vuelva a los que generan el contenido que miramos, leemos y escuchamos. No sólo por una voluntad asistencial. También porque si no trabajamos para que vuelva a circular el ingreso cultural, lo que va a pasar es que se va a obturar la producción profesional de contenidos culturales en el mediano y largo plazo. Y eso es malísimo para el derecho a la cultura y para la diversidad cultural argentina. Si queremos que una actividad continúe tenemos que hacer que el flujo económico circule”.


La regulación de los contenidos también es importante. El acceso está fuertemente concentrado, son pocos los contenidos que se ven de manera mundial y eso tiene que ver con que la distribución y los recomendadores trabajan con contenidos a escala global, entonces si no se regulan los contenidos va a ser difícil poder garantizar algo parecido a la diversidad. La regulación es importante pero no es fácil. Y no es equiparable al espacio analógico. No alcanza con decir un tercio o dos tercios, porque puede haber dos tercios de contenido argentino en YouTube pero no se ve. Hay tanta cantidad de contenido que lo que se ve es lo que nos recomienda la plataforma o el portal. Por eso hay que pensar en regular los algoritmos que recomiendan. Es un tema muy avanzado en Europa. El parlamento europeo está trabajando en regulación de algoritmos, pero es di-fi.ci-lí-si-mo. Google se resiste enormemente a eso, pero cada vez más se está pensando que es imprescindible. No impedir el ingreso de contenidos, sino que se garantice una cuota visible de contenidos nacionales”.


“Más que pensar en generar nuevos impuestos, con la complicación que trae eso en términos fiscales, políticos, de lobby, de tensiones; lo que yo creo que hay que hacer es analizar de manera minuciosa el ingreso que genera la cultura en el entorno digital. En el espacio digital cada consumo es un click y cada click es un dato, y tendríamos suficiente información si las empresas de comunicación la proveyeran. Hablo de proveedoras de internet, portales y plataformas de pago. Nosotros podríamos saber qué se consume, quién consume, con qué frecuencia, qué autores, qué compositores o qué actores. Entonces, hay que mensurar cuánto es la facturación actual y pensar qué pasa si esa facturación la distribuyéramos de manera proporcional a las vistas y a los accesos, ¿no cambiaría la ecuación económica? Yo me animo a adelantar que sí. El esquema de la gorra virtual o los aportes voluntarios son pequeños aportes que no logran hacerse sostenibles en el tiempo, que aparecen más para un momento, pero mirando esos pequeños valores económicos y comparándolo con la facturación y la cantidad de conexiones a datos que hay en nuestro país, uno se da cuenta que hay ahí una generación de ingreso enooorme. Pensá que hay más de 60 millones de líneas de celular. Ponele que 40 millones sean smartphones, o sea que 40 millones pagan datos. ¡Son 40 millones de líneas que pagan datos todos los meses para acceder a contenido cultural! Poné que una partecita es para cultura y otra parte es para el banco o para hacer llamadas… Si empezamos a calcular cuantos de esos datos se usan para consumo cultural se haría una masa importantísima de ingresos que hoy la cultura no ve. Entonces, me parece que hay que conocer esos números y conocer cómo sería la distribución proporcional a los consumos, y partir de ahí ver si es necesario o no generar nuevos impuestos”.


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