Natalia Calcagno | ¿Qué política cultural viene?

Natalia Calcagno es socióloga y conoce al dedillo los números y las estadísticas del sector cultural. Fue Directora de Industrias Culturales durante 2014 y 2015, y anteriormente, entre 2006 y 2013, coordinó el Sinca (Sistema de Información Cultural). Actualmente trabaja en los equipos que asesoran a Alberto Fernández y están pensando la política cultural de los próximos años. ¿Cuál es la Argentina que viene?, le preguntamos. Todo en esta entrevista.


Fotografía: Sofía Grenada


“Preocupantes". Eso es lo primero que dice Natalia Calcagno cuando se le consulta cómo catalogaría a los cuatro años de política culturales del macrismo. No sólo se refiere al cambio de rango de Ministerio a Secretaría (que de por sí es toda una consideración de la cultura), sino a que los derechos culturales se vieron vulnerados como consecuencia de una “concentración que pega de lleno en las posibilidades de la diversidad”.


“A mí me parece muy importante mirar primero la diversidad, porque es imposible pensar un ser humano sin acceso a la cultura”, dice. “Nos hace seres humanos el vincularnos culturalmente. Cuando no tenemos posibilidades de acceder a conocer distintos sonidos, músicas, letras o imágenes, el derecho a la cultura está vulnerado porque no podemos ejercer plenamente el pensamiento crítico, entonces es totalitarismo, pensamiento único. El Estado en estos cuatro años tuvo una actitud de achicamiento y de correrse de la escena cultural”.


Un ejemplo de esto fue la política de vaciamiento que implementaron ni bien asumieron. Si bien es cierto que no fueron muchos los programas cerrados por el Ministerio/ Secretaría, no menos cierto es que los dejaron desangrarse para que no tuvieran ninguna acción ni incidencia. “Para mí es bien cínica esa actitud, porque si uno va y cierra un programa emblemático como los MICA, el Puntos de Cultura o las becas, es una afrenta política -señala. Pero la gestión cultural de [Pablo] Avelluto no cerró nada y al desfinanciarlo se volvían cáscaras vacías. Yo digo cínico porque dicen que todo continúa y que está bien que se mantengan, pero no hay nadie becado, no hay nadie financiado, nadie asistido, nadie capacitado. Una mira los números y prácticamente no hubo gestión. Todo parecía que seguía. Los trabajadores tenían que cumplir un horario porque pusieron el control biométrico, pero sin tarea. Entonces, tenías profesionales con muchos años y mucha experiencia que pasaban ocho horas de su vida sin nada que hacer. Eso daña mucho la autoestima y los vínculos. Es un daño realmente profundo el que generó".



- ¿A quién deben estar destinadas las políticas culturales, a los sectores culturales o al pueblo? ¿Qué están pensando ustedes?


- Siempre me acerqué a la cultura desde el análisis de datos, desde lo económico. La cultura tiene una incidencia importante, genera empleo, importaciones y exportaciones. Tiene el comportamiento de cualquier sector productivo y yo creo que es importante entender esa dinámica económica para hacer una mejor política cultural. Si uno no la incorpora deja afuera cosas muy importantes como por ejemplo que hoy grandes protagonistas de la producción cultural son las empresas de telecomunicaciones. Por eso digo que si no analizamos lo económico, después, cuando diseñamos la política cultural, no tuvimos en cuenta al elefante y entonces se nos pasa uno de los grandes generadores. La política cultural tiene que estar destinada a los que generan la cultura y a los que acceden a la cultura, a la oferta y la demanda. No es unívoca la población destinataria, tenés ciudadanos y ciudadanas de todas las edades. Todos tenemos que tener acceso a contenidos diversos y de calidad. Y que sean nacionales. Parte del rol del Estado es garantizar a los argentinos y argentinas conocer su propia cultura. También tener acceso, por supuesto, a otros países, otros lenguajes y otras miradas, pero nosotros tenemos que hacer hincapié en la identidad nacional y tenemos que garantizar que cualquier ciudadano en cualquier lugar que viva pueda conocer la historia, valores, identidades, músicas, letras y poesía de artistas y creadores nacionales. Entonces, primer destinatario son los ciudadanos. Y el otro son los hacedores de la cultura, que son los que generan la oferta cultural.


- Actualmente hay mucha oferta que viene de afuera.


- Viene de afuera, de otros países, de Hollywood. Los libros vienen de España. Tenemos un montón de contenidos que llegan a través de la digitalización. Y tenemos un montón de creadores nacionales que están en una situación muy difícil para poder vivir de lo que hacen. Creo que como Estado tenemos que entenderlos, ayudarlos y fortalecerlos para que puedan producir cultura. Eso es fortalecer la cultura nacional. Si los hacedores y hacedoras argentinas pueden desarrollar su tarea también se garantizan derechos culturales.


- ¿Cómo piensan la puja y la tensión entre Estado y mercado? Porque si uno deja todo liberado a las manos del mercado refuerza los gustos hegemónicos.


- Estos cuatro años nos sirvieron de lamentable experimento para ver lo que pasa cuando el Estado deja de intervenir en la regulación de la cultura y deja todo en manos del mercado. Regular es organizar la distribución y circulación de contenidos. El mercado se organiza en torno al objetivo de generar renta, esa es su lógica. ¿Qué hace el mercado? Maximizar la ganancia. Si la actividad mercantil pone por encima de cualquier objetivo la ganancia, le va a convenir mucho más seguir reproduciendo la película de Hollywood que llena las sala, que meter una película argentina que por ahí no llena la sala. Lo mismo con un libro. Si ponemos por encima la rentabilidad eso va de la mano de la concentración. O sea, poquitos contenidos que venden millones. Esto viene pasando. Cayó toda la actividad económica y pocos contenidos vendieron como nunca en su historia. Se generó una concentración tremenda, en general de contenidos extranjeros. El Estado, en cambio, regula con la mirada de garantizar derechos. Eso pone encima a la diversidad y al patrimonio nacional, no el rating o la ganancia económica.


- ¿Qué porcentaje del PBI llegó a representar el sector cultural en el kirchnerismo y qué pasó los últimos cuatro años?


- En el 2004 estaba cerca del 2 por ciento. Empezó a subir y llegó casi al 2,8. En 2014 y 2015 bajó un poquito al 2,6 por ciento. En los cuatro años del macrismo estuvo en 2,5 por ciento, lo que representa una caída relativamente baja respecto a los mejores años del kirchnerismo, pero necesita dos aclaraciones este número. Primero, ese 2,5 por ciento en el 2014 era de una torta muchísimo más grande. Nosotros estos últimos cuatro años tuvimos caída del PBI de forma consecutiva, entonces la torta del PBI se achicó mucho y la porción también. Produjimos menos y cayó la cultura en general. Y segundo, cuando uno ve el comportamiento de los sectores que componen la cultura, ahí te encontrás con datos tremendos. Los sectores tradicionales como el audiovisual, el editorial y la música cayeron en forma estrepitosa, muchísimo más que la economía en general. Lo que sostuvo el 2, 5 fue la cultura digital: los contenidos que circulan por internet, los proveedores de internet y los contenidos que van a través de plataformas y llegan a la pantalla del celular. Eso se valoriza a través de abonos mensuales que uno paga todos los meses. Uno paga el abono de celular también para tener acceso a contenidos culturales, pagamos datos para mirar noticias y contenidos audiovisuales, pagamos Netflix… Se generó una canasta básica de acceso a contenidos y por ahí circula la cultura. Esa canasta creció dentro del gasto de los hogares. La fusión de las telefónicas con la televisión por cable generó grandes conglomerados económicos. Ahora está la paquetización. Te meten el teléfono, el cable, internet, el celular, Netflix y Spotify. Todo eso lo recaudan pocas empresas que sí crecieron estos años. En estos cuatro años creció la soja, el sector financiero, las energéticas y las empresas de telecomunicaciones por esta fusión vinculada a la paquetización y a la transmisión de contenidos culturales.


- Pensando que gran parte de los contenidos culturales circulan a través del teléfono, ¿es un desafío reponer la instancia de la experiencia que une vive cuando va al teatro, a un concierto o al cine?


- Hoy lo que tenemos es un sector cultural que tiene realidades divididas. Por un lado, está el analógico con una crisis económica acuciante y con problemáticas que hay que atender. Me refiero a los espacios de encuentro en el cine, en la música o en el teatro, o al libro en papel. Y por otro, está el sector que está tendiendo a converger en la pantalla del celular al que el Estado ni siquiera conceptualizó. No hay leyes que expliquen cómo pagar los derechos de autor en el celular. Está muy poco pensada, reglamentada y diseñada la política cultural para ese espacio, y todo está yendo para ahí. Prácticamente el único vínculo que tienen los jóvenes con contenidos culturales es a través de la pantalla del celular. Con lo cual hay un desafío de regular en la convergencia, asumir que la convergencia es una realidad y que el Estado debe pensar cómo se regula para garantizar los mismos derechos en el espacio digital que en el analógico.



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