MELANIE WILLIAMS | Al servicio de la música


Foto: Julieta Maccarino


“Yo quiero ser libre también”, canta Melanie Williams en Mikelbjork. A poco de conversar con ella nos damos cuenta que es una artista libre. El también seguramente es porque está pensando en otrxs artistxs que hicieron lo que quisieron siempre. ¿Michael Jackson o Bjork, por ejemplo? El disco Somos 2 editado a mediados de marzo junto a su banda el Cabloide es el sucesor de Comprensión 1 y entre ambos -más allá del juego numérico- se tiende un puente que va de lo individual a lo universal. Unx y el universo. Y en ese tránsito la pregunta por cómo sonar lo más parecido a la libertad.


Hay en su modo de mezclar la voz una concepción de la música. No está al frente como una solista desesperada por que se escuche su canto, está reverberando en el mismo rango sonoro que el resto de los instrumentos. En varias canciones su voz se escucha doblada. En ese sentido podríamos pensar que su música es toda instrumental. En conversación con Patologías Culturales lo explica así: “Yo puedo decir que siempre quise tener un proyecto en el que se luzcan todos los instrumentos y no sea que la banda está de fondo para la voz. Eso nunca me gustó. A mí me apasionan todos los instrumentos y todos los sonidos. Me gusta que se escuche esa mixtura de colores que tiene cada instrumento y que la voz sea parte de eso. Me emociona. Y eso hace que quien escucha tenga que prestar atención a la música si quiere escuchar la voz [risas]. Me gusta jugar con esa cosa de los planos porque realmente la voz está y la escuchás, sólo que no está en ese plano mainstream donde la música está hecha de fondito para la voz que está re fuerte adelante. Acá los instrumentos están hablando y dan su mensaje”.


Melanie tiene un decir tranquilo y dulce. Notarán que algunas frases de nuestra charla, al leerlas, suenan como bombas, pero al escucharlas no son más que un muestrario de su cosmovisión (que no parece esquivar el humor y la alegría). La música como territorio para ejercer la plena libertad sin condicionamientos de ningún tipo. Para condicionamientos está el mundo exterior o la música fabricada por la industria, piensa. “Me gusta que sea un todo lo que logra la obra, no solo la voz ahí adelante y pelada. Eso pasa en todos lados, ¿por qué me quieren obligar a mí a hacer lo mismo? [risas] Para escuchar una voz así vayan a escuchar otra cosa, moderna. Todos los audios tienen esa característica. Pasa eso: se va instalando un modo de sonar y la verdad es que en la música no existe lo correcto y lo incorrecto, sino distintas búsquedas, entonces una vez que algunxs hacemos algo diferente te preguntan: ¿por qué no la hacés como lo hace todo el mundo? Yo creo que la cosa va en desarrollar la personalidad musical y que cada quien haga su juego”.



Entre los discos de referencia que escuchó este último tiempo y sirvieron para pensar cómo debía sonar Somos 2 están el jazz y el funk japonés. “Estuve escuchando discos de funk japonés de los 70 y 80 -dice. Me encanta que tienen una onda muy groovera, de active, de felicidad, de cosas nuevas. El funk japonés transmite algo que yo nunca había escuchado en otro lado. Me siento identificada con lo que genera El Cabloide, encontré algo relacionado ahí, entonces me adentré. Como si yo ya fuera parte de eso sin saberlo. Me volví loca cuando lo escuché”.


Melanie Williams creó, maquetó y grabó este nuevo disco en 2019 y durante el 2020 cerró la mezcla y masterización acompañada por el talentoso Guli, quién había oficiado de productor de su primer disco y que además contaba con Melanie como baterista de su banda. “Cuando lo conocí a Guli él mi inspiró y me arengó a que haga un disco -recuerda Williams. Yo tenía un EP y quería sacar temas sueltos. Y él me dijo: ‘Si a alguien le gusta tu música tiene que poder escuchar un disco entero’. Y tenía razón. El primer disco lo produje con él en su estudio La Alfombra Mágica. Fue una época muy copada. Este segundo lo produje yo y para la mezcla me vino bien trabajar con él porque me re conoce. Con una mirada nos decimos todo, no hay que explicarle nada”.


A lo largo de la charla escuchamos el disco casi completo | hablamos de su formación académica/autodidacta (“entiendo el lenguaje de la música, pero no de la manera estandarizada”) | reconstruimos parte de su historia y dimos vueltas sobre el proyecto de su vida que podríamos sintetizar en esta línea: “Quiero estar al servicio de la música”.