Luisita



Luisa Escarria fue una fotógrafa colombiana que llegó a Buenos Aires junto a sus dos hermanas cuando tenía 30 años. Con el tiempo se convirtió en la retratista del teatro de revista porteño y más allá. Atahualpa Yupanqui, Luis Sandrini, Tita Merello, las hermanas Norma y Mimí Pons, Moria Casán, Susana Gimenez, José Marrone, Zulma Faiad y una larga lista de artistas del teatro, la música y la televisión posaron frente a su lente en el estudio montado en su departamento de Uruguay y Av. Corrientes. Falleció el miércoles 25 de septiembre. Su mirada ya está incorporada - lo sepamos o no- a nuestra forma de acercarnos a una época.


Su trabajo silencioso -tan idéntico a su modo de estar en el mundo- circuló hasta hace pocos años sin que supiésemos que era ella quien estaba detrás de afiches archiconocidos, como si esas fotos las hubiese sacado y trabajado artesanalmente un anónimo. El sistema se empecinó en ningunearla: era colombiana, morocha y sacaba fotos a personajes de la cultura popular. Pero el sistema también tiene sus fisuras. Fue Sol Miraglia la que tuvo la sensibilidad afilada y entendió que en esa mirada había un tesoro. Junto a Hugo Manso dirigieron Foto Estudio Luisita, película con la que rompe una serie de consensos, entre ellos que la historia de la fotografía argentina estaba floja de presencia de mujeres. "Acá en la fotografía se cuidan el culo entre todos", nos dijo Sol en 2018 previo al estreno del film. "En Argentina, sobre todo en la época de Luisita, la fotografía la dominaban los hombres y decían quién era fotógrafo y quién no", agrega Hugo Manso. Quizás allí resida otro de los argumentos para dejarla fuera de foco.


Sol la descubrió cuando trabajaba en un local que vendía cámaras, en Libertad y Av. Corrientes. Cada fin de año Luisita repartía en los locales de la zona unos calendarios con estrellitas, retocados a mano, con fotos de Porcel o Libertad Lamarque. "Me parecían hermosos. No entendía de quién eran", recuerda. Hasta que un día apareció a retirar un flash y comenzó lo que Hugo llama "el vínculo de amor" entre las dos. Sol empezó a frecuentar su casa ("un estudio intocable quedado en el tiempo") y Luisa le mostraba orgullosa los álbumes de fotos, muchas de ellas autografiadas por los personajes que retrataba. Con más confianza, Miraglia encaró decidida la empresa de revisar los negativos escondidos en bolsas y cajas de zapatos. Se tomó casi como una militancia la tarea de reivindicar un trabajo que a esta altura es patrimonio cultural de esta ciudad.


"Yo empecé a luchar mucho por incorporar a Luisita a la historia de la fotografía argentina", señala. Esa lucha la dio contra viento y marea, incluso contra la desidia de los dueños de los mismos teatros donde Luisa trabajó, que desestiman la importancia que todo ese material tiene para la memoria y la identidad de Buenos Aires.


El ojo privilegiado de Luisita estuvo en el centro de la escena en las décadas del 60, 70 y 80, y cuando en los 90 la luz de las estrellas empezó a menguar, se abrió al retrato de músicos de la cumbia que aún están por descubrirse. Hace una semana partió, pero pudo ver el reconocimiento de artistas y colegas a su trabajo que todavía está por descubrirse. Ver la película es una puerta de entrada de lujo.

¿Cómo la conoció?, ¿cuándo decidió que debía hacer una película?, ¿quién es Luisita? ¿Por qué cada persona que veía las fotos no encontraba el valor? Aquí un recuerdo de Luisa Escarria en conversación con Sol Miraglia y Hugo Manso.



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