J.P. ZOOEY | La tecnología y su forma

¿Qué pasa cuando la técnica toma el mando? Esa es la pregunta constante en todo lo que escribe J.P Zooey, o sea Juan Pablo Ringelheim. Hace un tiempo lo entrevistamos en FM La Tribu a propósito de su nuevo libro Corazones estallados [La política del posthumanismo] y hablamos de sociedades irritadas | redes y democracia | la técnica y su forma | veganismo y antropocentrismo | devastación de recursos naturales | desconexión y dictaduras.


FOTO: Sofía Grenada

Hasta marzo de 2017 nadie supo -en realidad muy pocos- que quien estaba detrás de J.P Zooey era Juan Pablo Ringelheim. Fueron diez años en que, a medida que salían Sol artificial (2009), Los electrocutados (2011) y Te quiero (2014) la reputación de sus libros crecía y el signo de pregunta en torno a su creador también. Mantener la identidad reservada le permitió conservar bien delimitados los campos en que se desenvolvía y se desenvuelve: el de la labor académica como docente en la UBA y en la UNQ, por un lado, y el de la de la escritura sin ataduras por otro. El tráfico entre ambas orillas era y es fundamental. No hay locura, sociedades distópicas, hombres de barro que se deshacen en fluidos perfiles informáticos, sexo virtual o sociedades hipertecnificadas si del otro lado no está el académico que estudia los cruces entre técnica y sociedad. Se trata de una estrategia con mucho de juego, pero un juego que hay que tomar en serio porque se enmarca en una vasta tradición de artistas, filósofos, poetas y músicos que utilizaron los seudónimos y heterónimos para plantear posiciones que metieran el dedo en llaga.


Ahora que sabemos quién es quién, Juan Pablo decidió seguir publicando con el nombre de J.P. Así lo hizo con Florecieron los neones (2018), con Manija (2018) y con el flamante Corazones estallados [La política del posthumanismo], el libro de ensayos que en 2019 editó Cía. Naviera Ilimitada. "A mí, por lo menos en este libro, me interesa pensar el tema redes y política en democracia", nos dirá. Intenta descular si el humanismo murió. Para eso pega un salto varios siglos hacia atrás y encara un recorrido que bucea entre el humanismo letrado y el posthumanismo emocional, entre comunidades virtuales sobrecalentadas y la alternativa nunca del todo recomendada -si queremos incidir en la realidad- de la desconexión total. Como parte de ese juego donde uno pone al otro contra las cuerdas, el libro culmina con una entrevista que Ringelheim le hace a su alter ego Zooey.


Post. Ringelheim cuenta que este libro es fruto de una inquietud que surgió en los años kirchneristas (pre-macrismo) al ver que el posthumanismo ganaba terreno en las posiciones del pensamiento. "La crítica a determinados valores humanistas que se hacía desde lo posthumanista reinaba también en lo académico, en las editoriales y en muchísimas publicaciones”, recuerda.


Para identificar rápidamente el posthumanismo podríamos decir que hace comunidad en base a reacciones emocionales (pensemos el vínculo con redes), que desprecia a los que están abajo en la pirámide social, que funciona en base a convulsiones digitales (todos reaccionamos en base a los temas que se imponen desde las agendas mediáticas) y que está atravesado por un desprecio por la política en tiempos donde gobierna el algoritmo. J.P no se ubica por fuera del entramado posthumanista, sino que se reconoce dentro de él; toma partido por el humanismo a la vez que chequea frecuentemente el celular. Dice que la tarea del crítico posthumanista debe poder incorporar elementos posthumanistas y reconocerlos dentro de él para pensar mejor.


Así fue que se empezó a profundizar en textos humanistas del SXIV, XV y XVI. “Al humanismo se lo ubica junto al renacimiento. El primer humanista fue el poeta Petrarca. Y empecé a ver qué habían formado. Y entendí que buena parte de la política moderna de la ilustración para acá, basada en la argumentación, en la igualdad y en la libertad - es decir, buena parte de la política que se había dado entre 2003 y 2015- tenía valores humanistas. Entonces, ¿cómo podía ser que tuviera tanta buena prensa la crítica hacia ese humanismo? Por ejemplo, todo pensamiento que iguale la humanidad con la animalidad, que está tan de moda, es un poco posthumanista. Eso fue un lujo del pensamiento para momentos de abundancia, para momentos donde la educación, la ciencia y la tecnología estaban bien nutridos. Cuando se empezaron a desnutrir, creo que quedó bastante en evidencia que esa mirada superadora de la igualdad, la solidaridad y la libertad, podía conducir a una expresión política de derecha”.


-Macrismo.


-Sí.


- Pero vos no pensás que eso sea así sólo en nuestro país, sino en todo el mundo.


- El desprecio por la política también se puede ver en Bolsonaro, en su reacción emocional, excesiva e irracional respecto de la asunción de Alberto Fernández en Argentina, que es un país socio. A nivel regional expresa eso. Además, por lo que sé no sólo se apoyó en el evangelismo, sino también en las redes. Y a mí me parece que la política vehiculizada a través de redes está vinculada a la derecha y al posthumanismo.


- Vos no concebís el espacio digital como la panacea de la libertad de expresión. Decís que lo que prima es una lógica, que no importa tanto qué diga el trotkista, el anarquista, el populista de derecha o el populista de izquierda, sino que todo eso que dice está contenido en 280 caracteres y eso atrofia el poder de argumentación.


- Eso para mí es importante. Para observar una tecnología hay que observar su forma. Vos podés publicar un contenido de izquierda, de centro, de derecha, de cualquier orientación política. Si pensamos en la forma se tiene que reducir a 280 caracteres y lograr un efecto rápido, porque quien ve nuestro tuit lo está viendo junto a muchos otros, entonces, para que le ponga un corazón o reaccione emocionalmente nuestro tuit tiene que llamar la atención. Si tiene un contenido sarcástico, irónico, chicanero, que apela a las emociones más bajas o que interpela el odio, bueno, va a tener más difusión. Para mí la política no se trata de eso, se trata de pensar, detenerse, de argumentar, de hacer crítica y autocrítica, de consensuar… Y eso es lo que las redes no permiten.


- ¿Por qué marcas el surgimiento de la televisión en 1945 como un momento de quiebre en el que el poder de argumentación hijo de la lectoescritura empieza a modificarse y virar hacia las pantallas?


- La radio y la televisión son medios que nos envuelven porque involucran al oído. La lectura involucra a la vista que es mucho más fría, distante, racional. La televisión involucra a la vista y el oído, es decir que nos hechiza, nos envuelve. Ni que hablar de los celulares y las computadoras: se produce una especie de suspenso de la racionalidad. La gente ya no se aburre. Recién estaba esperando el subte y todos mirábamos el celular, no nos aburrimos. Y yo siento que cuando nos aburrimos un poco y no miramos ni celular, ni computadora, ni tele nacen cosas y surgen ideas. Creo que al posthumanismo lo ubicaría en la década del 50 que es el momento de la emergencia de la biología molecular, que empieza a estudiar la vida al nivel de las células, del ADN y de la cibernética. Se empieza a estudiar los fenómenos en el sentido de información y eso conduce a la ingeniería genética que ya no entiende de la superioridad del hombre sobre otros seres, porque todos compartimos el ADN. Ya no hay una supremacía ontológica sobre el animal y las plantas, sino una superación de esa división.




- Una posible reacción individual frente al estado de situación de las redes es retirarse, desconectarse. La cuestión es que hoy por hoy las redes son la arena donde se juega parte de la política; hay que estar porque si no es como ceder terreno. ¿Cómo pensás esa contradicción?


- Bifo, ¿no? Él plantea que vivimos en un estado de electrocución permanente, de incorporación y transmisión de información que circula por internet. La información circulando por internet es electricidad, unos y ceros. Esto de recibir un mensaje sobre un acontecimiento político urgente y antes de procesarlo o reflexionar sobre eso ya postear algo opinando inmediatamente, nos hace aferrarnos después a esa opinión que dimos sin mediación de la reflexión. Se generan alergias en torno a posteos. Se postea y se retuitea. Por otro lado, es cierto que las redes son una arena. Creo que la política en parte tiene que tener un pie ahí. Y algunos autores -volviendo al tema de la desconexión y el retiro- plantean el retiro de las redes, el desenchufe, el unplugged para salvar cierto resabio de reflexión, de lentitud y de aburrimiento que aún nos queda. Otro autor para pensar eso es Peter Sloterdijk. En Stress y libertad, él plantea que las comunidades de usuarios que se dan en las redes se aglutinan en torno al stress. Cuanto más irritada esté la gente, más se va a pegar a determinados posteos o hashtags como mejillones se pegan a una roca. Pero para eso es condición que la gente esté irritada, violentada emocionalmente…


- Sobrecalentada…


- Claro, se calienta. Hasta que eso se desvanece, porque no dura más de tres días. Hasta que un nuevo tema aglutinante y estresante ocupa el lugar del anterior creyendo todos que se nos va la vida en eso, y desaparece. Eso es contrario a las políticas de largo aliento. Eso también seguramente forma parte de las tácticas y estrategias de la lucha feminista. Una parte puede pasar por la organización a una marcha y está buenísimo que pase por las fotos en redes que reflejen la masividad de la marcha. Pero las mujeres que participan en esas políticas saben que la política se hace cuerpo a cuerpo, es decir reuniéndose y debatiendo, y con un montón de contradicciones. Digo porque me parece que es una lucha emblemática de nuestra época. O lo que está pasando en Chile. Eso me llevó a preguntarme sobre el uso de celulares, porque hay represión ilegal, inconstitucional, muertos por parte del Estado, es decir un estado de dictadura. Y la desconexión en un estado de dictadura no es fértil ni generadora de emancipación, al contrario. Ahí sí las redes o los celulares tienen la función de denunciar lo que los medios callan.


"Cuanto más irritada esté la gente, más se va a pegar a determinados posteos o hashtags como mejillones se pegan a una roca. Pero para eso es condición que la gente esté irritada, violentada emocionalmente…"

- Es interesante el cuerpo a cuerpo. Porque cuando uno entra en la realidad mediada por la pantalla se anestesia y es más difícil empatizar con el dolor. Y vos hacés hincapié en el libro en esa dificultad para empatizar. Uno empatiza cuando sale a la calle y puede oler, tocar, sentir, palpar al otro.


- Volvemos a la forma de la tecnología, no a los contenidos. Si atendemos a los contenidos las historias de IG pueden contener denuncias políticas importantísimas o mensaje que involucren la posibilidad de empatizar, pero en cuanto a forma son historias que pasan moviendo el dedo de derecha a izquierda de modo displicente y rápidamente. Y el contenido temático puede pasar de un divertido video de Louta a un tierno video de gatitos, a una denuncia de represión política, a un tema que se nos recomienda de Spotify. ¿Cómo empatizar con esa represión política si dura 15 segundos y está entre un video de gatitos y un tema divertido de Spotify? El tiempo de la empatía necesita más de 15 segundos. Ahí veo el problema de la política y las redes. Se pueden transmitir contenido político, pero generan una política de falta de empatía.


- ¿Hay una salida posthumanista a esto?


- La salida posthumanista parece ciencia ficción, pero lo plantean textos académicos: generar implantes en la mente para que se prepare para recibir y procesar información más velozmente. Pasar a ser ciborgs. O la otra posición es la del retiro, que es imposible. Las redes son como la mafia: es fácil entrar, pero nadie se va. La otra posibilidad la plantea la ciencia ficción, la serie Years and years. Esta serie plantea que la desconexión también puede ser una medida de una dictadura. Y se dice que en Chile hace poco el gobierno volteó antenas 4G. Por eso es complejo el tema, la desconexión puede ser una salida humanista o una medida dictatorial. A mí, por lo menos en este libro, me interesa pensar el tema redes y política en democracia.


FOTO: Lucio Dodero


Humanidad y animalidad. “El humanismo se funda en la distinción entre humanidad y animalidad. Los animales son algo bestial, algo cercano al suelo, a lo inferior, no tienen buenas costumbres, no se educan, no tienen alma. Eso viene del Antiguo Testamento cuando Dios le da a Adán la posibilidad de nombrar a los animales porque no tienen lenguaje y ubicarse por sobre ellos. Esa distinción en la actualidad está discutida por el veganismo. La diferencia entre humanos y animales basada en una primacía humana, en el lenguaje verbal o en la capacidad de razonar es totalmente discutida por los veganos. Ellos dicen que humanos y animales comparten un sistema nervioso central y que ambos pueden sentir dolor y placer. Habrá animales humanos y animales no humanos. Todo predominio del hombre sobre lo animal es antropocéntrico, entonces no comen animales. Yo respeto eso, pero me parece que no hay que perder de vista que esa también es una posición antropocéntrica porque se funda en el sistema nervioso central para definir lo que es el dolor y el placer. Y hay muchas culturas para las cuales las plantas son sagradas y superiores a los humanos. Leía un libro que está disponible en internet gratuitamente del antropólogo Jeremy Narby que se llama La serpiente cósmica. Es sobre la ayahuasca y habla de la cultura chamánica de la amazonia. Para los chamanes las plantas son sagradas y, sin embargo, las comen. Y no tienen un sistema nervioso central. ¡Son sagradas! O sea que son más que el hombre. Entonces, si yo tuviera que discutir en términos lógicos lo vegano diría: ¿por qué comer legumbres, plantas, y no comer animales? Posiblemente porque es más fácil empatizar con aquello que tiene ojos y tiene un sistema nervioso central. Bueno, para algunos será más fácil empatizar con humanos que con animales, y eso habla de un predominio del humanismo. Posiblemente el humanismo podría ampliarse y extenderse hacia el mundo animal, porque esa distinción entre humanos y animales conduce a la devastación de los recursos naturales, a la industria de experimentación y de matanza sobre animales y el mundo. Entonces, en una situación de peligro como la que vivimos estaría bueno que el humanismo se replantee aquella vieja distinción.


- Te leo un pasaje clave del libro: “El humanismo que ubicó al hombre en el centro del mundo para dominar científica y técnicamente a la naturaleza, creó también las condiciones de destrucción bajo el devenir posthumanista”. ¿Cómo es eso?


- Para pensar eso me sirvió Dialéctica del iluminismo de Adorno y Horkhaimer. Allí plantean que el iluminismo se basó en la racionalidad, en la ciencia y la técnica, y en el dominio de la naturaleza para lograr igualdad, libertad y solidaridad. Pero una vez despojado el humanismo de esos valores quedó sólo la ciencia y la técnica al servicio de lo que venga, no de la libertad, de la fraternidad, de los valores políticos y éticos. Eso quedó demostrado en la Segunda Guerra Mundial donde se hicieron científicamente las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaky, y se hicieron científicamente -porque así está documentado- campos de concentración. Ellos analizan eso.


- ¿Y qué pasa con la delegación de nuestras decisiones en las máquinas? Da la impresión que estamos yendo muy gustosos hacia ese lugar donde un GPS nos dice cómo llegar de Almagro a Chacarita, u otro tipo de decisiones que uno delega en el algoritmo.


- La libertad de albedrío, como decían los humanistas renacentistas, tiene que ver con la duda, con el pensamiento, con la lentitud. Nada de eso se quiere en la actualidad. Es como si hoy para ir a comer consultáramos una aplicación, o para tener una cita consultáramos una aplicación. Entonces, pienso que en términos políticos puede no faltar mucho para que consultemos una aplicación sobre a quién votar y que votemos a esa persona que el algoritmo detectó como candidato afín a nuestros gustos. Digo porque nuestros gustos son volcados alegremente en las redes. Les damos un montón de datos y todo ese caudal de datos van a parar al llamado Big Data que genera algoritmos basados en esos datos. Y finalmente decide ese algoritmo por nosotros.


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