Idiosincrasia Melero

Daniel Melero acaba de editar La ruta del opio, un disco realizado a cuatro manos con el Babasónico Diego Tuñón. Les llevó seis años de trabajo, un lapso de maduración que terminó por impregnarse en las composiciones y que se escucha al darle play como si cada track se hubiese llenado de tiempo. Viaje sonoro, ensoñación a la Badalamenti, melodías de piano viejo, momentos ruidistas y ambients. “Este disco es la negación de una funcionalidad concreta”, nos dijo Melero en una conversación que teníamos ganas de tener hace muchos años.



Por Maximiliano Diomedi


Daniel Melero siempre me pareció un artista fascinante. Por lo que se escucha en sus discos y por lo que expresa fuera de ellos. Desde sus primeros coqueteos con sintetizadores en los 80 (¡precursor por estos pagos!), su abordaje de la música siempre estuvo guiado por el deseo de innovar y la necesidad de no formar parte del rebaño. Melero trabaja el sonido como quien esculpe en piedra. O como quien agarra un texto y empieza a suprimir palabras hasta encontrar el verdadero texto dentro del texto. La suyas son pequeñas incisiones sobre la música. La materia con la que trabaja, más que la música, es el sonido. Al autodenominarse no músico -como suele hacerlo con algo de picardía- se planta como artista. Ese paso hacia el costado es el que lo hace diferente. Porque Melero es dueño del concepto. En mí calaron tan hondo sus trabajos musicales (Los Encargados, Colores Santos, sus colaboraciones como productor de Soda Stéreo, Travesti, Supernatural, La ruta del opio, el tutelaje de artistas inéditos) como sus intervenciones en los medios. O ese manual llamado Ahora, antes y después donde despliega toda su idiosincrasia. Digo manual, pero en realidad es un libro hecho a partir de entrevistas realizadas por Gustavo Álvarez Núñez, quien con delicadeza artística, puso en marcha un procedimiento de edición que es de los más radicales si de libros de rock hablamos: borró sus preguntas y dejó sólo las respuestas, convirtiéndolas en pequeñas grandes sentencias sobre la música y aledaños. Su obra son sus ideas. Melero contagia y excede los sonidos y los formatos en que esos sonidos son transportados.

Arribé a esta charla con un par de preguntas muy puntuales. Una de ellas: "¿Dónde se detiene tu oído?". Aquí se puede escuchar.


Funcionalidad. “Se diseña [música] para estadios o para discotecas. Este disco obedece a un diseño que directamente es la negación de una funcionalidad concreta. Como me gusta pensar siempre, es más bien un vehículo al que el oyente se sube y va a donde quiera o donde le sugiera”.


Alarmas. “Yo sigo escuchando mucho la ciudad. Es un paisaje sonoro cargado de intenciones que están todas en su propia individualidad, generando un conjunto al que no le prestan atención. En los últimos tiempos estoy muy orientado a la carga de alarmas que hay tanto en las calles como dentro de los hogares. Porque donde la vista es instantánea el sonido se expande. Es como cuando escuchás el sonido del trueno después de ver el rayo”.


Idiosincrasia. “A muchas posibilidades suceden muchos desconciertos. Yo creo que es mucho más interesante restringir las posibilidades y navegar dentro de ellas. Todos los softwares que usamos, así como las piezas reales tiene idiosincrasia. Un piano en su construcción tiene una idiosincrasia. Una guitarra también. Un cuerpo humano también acarrea una idiosincrasia, sobre todo con el tiempo. Aceptar la del software es aceptar que necesitás todas esas posibilidades para hacer algo que es más simple. Y te deja en un universo de dudas porque siempre se puede hacer otra toma, y es muy tedioso”.



“Spotify lo que más hace es brindarte un servicio para controlarte”.

Lxs imprescindibles. “No se puede definir nada humano sin pensar en las herramientas que utilizamos todos los días. Por ejemplo, la llave de la luz. Nadie conoce cómo generar los servicios que disponemos. Hay una enorme confianza en que toda la información está diseminada en otros. Por eso se ve en la cuarentena que existen los imprescindibles para que las cosas estén funcionando, mal o bien como funcionan”.


Alarmas II. “El cerebro humano es cada vez más pequeño. Entre mis teorías sin fundamento, creo que se debe a que los primeros homo sapiens tenían que estar muy atentos a lo que sucedía y con sus sentidos encendidos ciertamente. Y con trabajo en conjunto, por supuesto, que es una característica elemental nuestra. Por eso también hay tantas alarmas, porque nadie está prestando atención casi. Nuestra funcionalidad depende de un conjunto de personas y herramientas que de verdad no sabríamos volver a generar, salvo muy pocas personas. Pero tal vez los que conocen la generación de energía no sabrían como enfrentar una vaca si tuvieran que hacerlo. O si supieras hacer eso, ¿cómo podrías vos defenderte de quienes te lo vendrían a quitar? Nuestra cultura está construida así”.


Idiosincrasia II. “Cuando pasa un tiempo, el sintetizador -aunque sea uno rudimentario como el que yo utilizo- está esperando que el artista le de un carácter a aquello que va a sonar. Y empezás a darte cuenta que el verdadero instrumento son tus ideas. Todo tiene idiosincrasia en este mundo”.


Oportunidad. “La afinación es una cuestión de tiempo, ni siquiera de tempo. Una nota que parece horrenda sostenida hasta encontrar el encaje termina siendo algo que desenmascara una situación que era impensable y uno dice: ‘Que bárbarooo'. En cambio, si uno inmediatamente eso que no encaja lo corre y dice: 'Saquémoslo', se está perdiendo una oportunidad".


“Hay una sugerencia oculta en el error”.

Encuentro. “A mí me encuentra la música. O la encuentro. La encuentro donde nadie quiere mirar. O escuchar”.


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