Fátima Pecci Carou | Arte y trabajo

El arte produce conocimiento. Alrededor de la obra de arte giran como satélites carreras, posgrados, museos, curadores, críticos, residencias, centros culturales, etc. Sin embargo, lxs artistxs suelen ser el eslabón más débil dentro de ese sistema que naturaliza que la obra es una teta de la que todos sacan rédito menos quien la crea. ¿Cuándo vuelve ese dinero a quienes producen obras, discos, música, películas? ¿Importa esto al momento de pensar en arte o sólo tenemos que apreciar la obra prescindiendo de las condiciones de producción, circulación y recepción? ¿Es este un debate que nada tiene que ver con el arte? La artista visual Fátima Pecci Carou viene pensando estas cuestiones y se hizo un rato para conversar con nosotrxs. Aquí la escuchan y leen.



Fátima Pecci es artista visual. Hace algunas semanas publicó en sus redes una reflexión respecto de las condiciones materiales en que se hace y se sostiene una obra:


Pagar el alquiler del taller. Pagar los materiales. Invertir tiempo en clases e investigación. Pagar el sitio web. Pagar el flete y traslado. Tener una cámara decente para hacer buen registro.


Hago la cuenta y me doy cuenta lo expensive que es mantener a flote la producción. El arte se ocupa además de RESGUARDAR EL ESTADO DE ANIMO (...) y PRODUCIR CONOCIMIENTO VISUAL, SONORO, CORPORAL, SOCIAL, SIMBOLICO, ETC, ETC del cual luego podrán hacer sus maestrías, cursos, curadurías, escritos, y mantener vivas las instituciones y academias, que, aclaro, celebro porque ayudan a que siga viva la obra después de tanto esfuerzo, pero al mismo tiempo pienso en si realmente no es toda una fantasía lo que hacemos y lo que creemos que hacemos.


Pecci Carou comenzó a formarse ni bien salió del colegio secundario. Esa formación incluye el IUNA, clínicas con Ana Gallardo, un paso como becaria en el mundo CIA (Centro de Investigaciones Artísticas, hoy Antifascistas) y mucho cuerpo dentro del taller pintando o craneando obra. En ese camino, y a pesar de tener una obra rica en cantidad y calidad, su idea de lo que iba a ser su profesión se fue desmoronando poco a poco. “A mis 36 años me encuentro con que si bien soy parte del mundo del arte tengo que sostener un trabajo de oficina de lunes a viernes ocho horas. En algún momento pensé en renunciar a mi trabajo fijo y dedicarme de lleno a esto, y me di cuenta que no era posible porque un mes te puede ir muy bien y después hay meses y meses que no te entra dinero. También me di cuenta que muchos museos me llaman y me hablan de contenido y nunca me hablan de pagarme por eso”, nos dijo. Otro ejemplo: "Vos participás de un concurso de artes visuales como el Itaú (que además es un banco) y la gran mayoría no te pagan el flete. Vos tenés que llevar una obra y la mayoría de eso va a público. Hay algo de que el artistx está financiando con su bolsillo el contenido de un montón de instituciones que reciben dinero, entonces termina siendo una ecuación injusta porque el trabajo invisible que hacen los artistas es lo que da de comer a los curadores, a las instituciones, a todo el trabajador de la cultura cuya materia de trabajo son las obras de los artistas”.


Actualmente, en paralelo a la producción de obra, Fátima dedica parte de su tiempo a su militancia en la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte Nosotras Proponemos. Allí hay artistas, historiadoras o curadoras que empezaron a notar que a la dificultad de sostener una obra artística se le sumaba la desigualdad de género dentro de las artes visuales. “Los grandes maestros son hombres grandes que han contado con muchos más beneficios y con otras condiciones de producción”, marca. “Nuestra lucha tiene que ver con lograr paridad y visibilización de artistxs mujeres, trans, no binaries. Y la pandemia nos llevó pensar qué pasa en este contexto con lxs artitxs. El arte es algo esencial pero no está valorizado en términos económicos por la sociedad a la que pertenece el artistx”.


Foto: Julio Juarez


¿Por qué los artistas visuales no tienen un gremio para defender sus derechos? ¿Qué los diferencia de otrxs trabajadorxs de la cultura que supieron limar asperezas y hacer scrumm para beneficio de todxs? “En general lxs artistxs somos bastante individualistxs. Todavía arrastramos esa concepción del arte del renacimiento del artista como un genio loco metido en su estudio. Eso está cambiando”, reconoce. Aunque agrega: “A muchxs artistxs no les interesa agremiarse porque sería una manera de regular una actividad que no les conviene que esté regulada. En el mercado del arte una obra está en dólares, entonces hay quienes no quieren quedar en una masa. El hecho de agremiarse lleva a una horizontalidad. La otra razón es que hace falta que te involucres políticamente y que abandones un poco la idea del salvate solo o yo estoy sola en mi taller produciendo. Hay algo muy del yo del artista”.


Entre las cosas que la pandemia sacó a la luz aparece la certeza de que solx no se va a ningún lado. "Artistxs Autoconvocadxs es una organización que surgió ahora y está logrando cosas muy importantes. Desde Nosotrxs Proponemos nos estamos ocupando de armar un tarifario que es una especie de cuadro de valores donde esté especificado cuánto debería cobrar unx artistx por diversos trabajos, desde una exposición hasta un trabajo de montaje o escribir un texto. Queremos instalarlo. No sabemos muy bien como seguir, pero estamos logrando que llegue a instancia del Ministerio de Cultura”.


Casi como asterisco es importante mencionar que Fátima sabe perfectamente que las descripciones que hace están más bien vinculadas al mundo de arte más institucionalizado, lo que habitualmente se llama el mercado del arte. Por eso aclara: “Hay otro montón de campos muy interesantes que tienen que ver con otra manera de hacer y consumir arte. Pero lo que pasa a nivel institucional es así”. Es más, sabe también que puede ser una trampa creer que solo hace arte el que tiene todos los elementos: “No hay que olvidarse de que el arte puede salir desde los lugares más simples, ¿no?”.


Foto: Muerta de Arte


Al mismo tiempo que cuestiona las razones por las que se hace difícil lograr una estabilidad económica con la obra, Fátima deja la ventana abierta para preguntarse si realmente concibe al artistx como trabajadxr. Como si en el fondo hubiera una noctiluca que con cada relampaguear le recordara que arte y trabajo van por senderos distintos. “El otro día me comentó posteo el Chino Soria -recuerda. Yo no lo conozco personalmente, pero es un artista de muchos años. Y me decía que no hay nada peor que decir que un artista es un trabajador. Él citaba a Liliana Maresca, decía que si vos bajás el arte a algo tan llano como convertirlo en un trabajo le quitás potencia. Me parece interesante y me hizo acordar al escultor [Juan Carlos] Distéfano que venía a darnos clase cuando yo era estudiante. Él nos sugirió que trabajemos de otra cosa porque nos íbamos a cansar. ¿Qué pasa cuando el arte se convierte en tu trabajo y le empezás a exigir que te pague las cuentas? ¿En qué lo vas convirtiendo y en que te vas convirtiendo vos? Es una discusión súper compleja”.



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