ANDRÉS RUIZ | Perro loco

Andrés Ruiz no para. En 2020 editó nuevo disco solista y ni bien empezado 2021 dio a conocer al primogénito de su flamante proyecto Devoran entre sí. No parece un hombre al que falte la fe en lo que hace. Al contrario, cada vez más afilado, más conectado con la canción y más al hueso, trabaja (de noche) buscando darle forma a esa voz interna que lo persigue y escucha en todos lados: en la calle, en el bosque o donde vaya.



Conversamos sobre La luna me quema a fines del año pasado. El primer dato sorpresivo extra música es que fue editado por cinco sellos: Funnybone Records (USA), Zorro Camarón Discos (San Luis) y Jit-Jot Records (Rosario) en nuestro país, Marly Records (USA), Molécula Records (México) y Entes Atómicos (Alemania). El segundo es que estamos ante el primer disco dentro de su largo y ecléctico recorrido al que le extirpó las guitarras eléctricas.


El título es una especie de anuncio y prepara el terreno para el ingreso a un clima nocturno construido con combinaciones de palabras lejos del lugar común y una instrumentación que remite al sinth pop y al dark. El encare del canto bordea el gótico. Es un disco nocturno, grabado incluso de noche”, nos dijo. Profundiza así el camino que empezó con Víctima de la imaginación (2017) y que siguió con Mi prehistoria (2019), ambos expresión de una especie de recomienzo.


Caí en la cuenta de que el instrumento de Andrés es la voz. Para él también. “Soy muy exigente con mi propia voz, puedo llegar a grabar una palabra un millón de veces”, describe. “En los últimos discos intenté poner falsete, cosas que no son muy propias de mi voz. Quería estirar un poco el rango, esforzarme y probar cosas nuevas. Al principio me re costaba, ahora más o menos lo empecé a entender. Nunca estudié canto, entonces cómo poner la garganta, cómo poner la lengua o cómo respirar son cosas que no tengo ni idea, las hago intuitivamente”.


Nunca deja de mostrar predilección por lo melódico y porque en la canción haya algo para decir. "Una letra que esté buena", en palabras del propio Andrés.


En la charla que dejamos para escuchar (+ algunos textuales) empezamos hablando de la boludez de fomentar la discusión entre rock y trap como si fuera una discusión trascendente y derivamos hacia las condiciones de producción en las que trabaja | la discusión sobre estéticas y géneros | los sellos y la importancia de formar grupos de pertenencia.


Discusión. “Yo le comentaba a un amigo: ¿La discusión de nuestra generación como compositores de música tiene que ser si el trap triunfó y es una boludez de dos notas, frente a nosotros que nos rompemos el orto? ¿Tan frívolos somos? ¿La discusión es con pibitos de 18 años? Están haciendo una música que está buena, está de moda… todo lo que quieras, pero a veces tienen letras jugadas que le pueden abrir la cabeza a pibes de la generación de ellos y está bueno. La discusión tiene que ser un poco más profunda y menos frívola. Después, no importa si vos hacés canciones románticas. ¡Qué malo el trap, aguante el rock! Si esa es la discusión estamos mal, re bajo”.


Los géneros, los 80 y la crítica. “Hay discusiones que son insignificantes. Criticar un género musical porque está de moda no tiene sentido. Hay muchos géneros que tienen artistas buenos y malos, canciones buenas y malas. Podría nombrar miles de ejemplos. Criticar per sé un género me parece de viejo choto y es una discusión que atrasa mil años. A veces veo gente más grande quejándose de este revival (entre comillas) de los 80 que ya es viejo, ¿no? ¿Cuál es la discusión ahí? Siempre hay un regreso resignificado. Uno escucha mi música, por ejemplo, que tiene cierta reminiscencia a esos años, y si tenés un back up como escucha inmediatamente te das cuenta que yo no soy de los 80, yo soy de ahora”.


La foto del momento. “Es algo que tiene que ver con la foto mía de este momento. Yo soy así y soy un montón de otras cosas. Hay gente que se cree que soy Gary Numan del conurbano, que me levanto y me voy a dormir con un sinte. Nada que ver. Me divierte hacer esto en este momento. Pero tengo otros discos que son completamente distintos. Hasta tengo un disco que editó un sello de rock progresivos. Tengo otros discos más acústicos, otro más rockero, discos con banda que nada que ver con esto. Que sé yo, me parece que es la foto de este momento. Probablemente hagamos otra entrevista para el próximo disco y estemos hablando de otra cosa”.


Las canciones y los filtros. “Mi forma de componer es hacer mucha cantidad. No solamente para este disco. Siempre hago más de cien canciones. Por supuesto no están todas definidas al cien por ciento, pero están armados los tiempos, los cortes, parte de la producción y el sonido, y las letras están chamuyadas. Si pasan un filtro y otro filtro, quedan unas veinte. Y ahí pongo énfasis en los detalles finales como las letras, arreglitos, cositas. Pero es natural para mí, estoy todo el tiempo haciendo canciones, es algo de todos los días para mí”.


Sellos. “El disco salió en EE UU, en Alemania, en Argentina y en México en cassette”.

“Mi objetivo con cada disco es generar algo nuevo, abrir nuevas puertas y siempre lo logro. No se abren solas. Yo no lo busco tanto, pero es un laburo. Tenés que estar ahí. De cada cuarenta proyecto que uno tiene salen cuatro”.


La voz I. “Si la gente va a parar la oreja en la voz, tiene que pasar algo con la letra”.


La voz II. “Soy muy exigente con mi propia voz, puedo llegar a grabar una palabra un millón de veces”.


La voz III. “En los últimos discos intenté de poner falsete, cosas que no son muy propias de mi voz, y quería estirar un poco el rango y esforzarme y probar cosas nuevas. Al principio me re costaba, ahora más o menos lo empecé a entender. Nunca estudié canto, entonces cómo poner la garganta, como poner la lengua, como respirar son cosas que no tengo ni idea entonces las hago intuitivamente”.


Noche. “Es un disco nocturno, grabado incluso de noche”.

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